Una historia injusta y dramática contada con sonidos electrónicos imaginativos y estribillos pegadizos y veraniegos.
Fecha de publicación: 14 abril 2012
Sello: Austrohungaro
Carlos Ballesteros y Genís Segarra han pasado el invierno 2012 trabajando en su estudio y publicando online pequeñas muestras de su trabajo tal como el proceso iba avanzando. Su nuevo álbum iba a estar dedicado al centenario del Alan Turing, matemático inglés, figura clave en la evolución de la informática, condenado por su homosexualidad en 1952. El dúo barcelonés tenía empeño en dar a conocer tanto su figura como el interés que sentían por él
La vida de Turing termina con suicidio pero el disco de Hidrogenesse es puro pop de estribillos, ritmos y melodías juguetonas y caprichosas que tienen poco que envidiar a canciones como “Looky Looky”, “Pop Corn”, “Funky Town” y otros éxitos verbeneros de la electrónica musical de tiempos más aperturistas que los actuales. El contraste resulta extraño e inquietante. Las letras, en lenguaje llano y basadas en distintos episodios de la vida y las investigaciones de Turing, completan un conjunto que hace pasar al oyente de la alegría a la angustia de una manera que roza casi con el sadismo.
La voz, cruda y sin impostación ninguna, como si alguien, detrás del oyente, cantase sobre el disco, resalta todavía más la sensación incómoda y el oyente pasa de la complicidad con el desgraciado protagonista a sentirse culpable de su linchamiento. Los sonidos sintetizados de acompañamiento provienen directamente de la ciencia ficción del principio de la televisión, de los tebeos de marcianos y de los inicios de la electrónica musical. Llenos de imaginación y magia, resultan lo más placentero del álbum y el único respiro para el oyente.
“El beso” y “Capcha cha-cha” son veraniegas y pegadizas. “Christopher” tiene algo enternecedor, pero también algo de conmiseración un poco irritante. “Enigma” es un verdadero manifiesto y “La historia del mundo contada por las máquinas” es un tema largo, denso y oscuro que cierra un álbum sorprendente y tan especial como suele ser todo lo que proviene del entorno musical de Genís Segarra.
En resumen: una extraordinaria e intensa experiencia musical dentro de un género muchas veces premeditadamente frívolo. Una invitación a la reflexión y una fuente de sensaciones inéditas llena de inteligencia.




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