La sensación del momento se llama Frank Ocean, un rapero bisexual de Nueva Orleans que vive en California y que había editado unas mixtapes frescas y prometedoras.
Fecha de publicación: 10 julio 2012
Sello: Def Jam
Producción: Frank Ocean, Malay, Om'Mas Keith, Pharrell Williams y Tyler, The Creator
El primer disco oficial del joven Frank Ocean (1987, Long Beach, California) llega al mercado con la garantía de calidad que otorga el sello Def Jam a todos sus lanzamientos. También llega después de un mensaje del cantante en su blog de Tumblr reconociendo que algunas de sus canciones de amor están dedicadas a hombres. Y, sobre todo, después de que Nostalgia Ultra, una mixtape suya, convenciera a propios y extraños en 2011.
Claro que, en 2011, Frank regalaba su música y, ahora, Def Jam tiene que cobrar por cada disco o bajada… Por algún extraño resorte, Frank y sus productores han decidido que, para conseguir que el sello recupere su inversión, lo mejor era editar un disco convencional y standard según el curioso presupuesto de que el público va a preferir escuchar una vez más el típico hip hop/r&b agresivo, machacón y deslavazado de toda la vida en vez de algo nuevo y personal. Los sonidos de una Playstation anticuada dan comienzo a un disco que dura cerca de una hora y cuya fecha de edición tuvo que ser adelantada por miedo a que se filtrase online dada la expectación creada. El largo “Pyramids”, con más de nueve minutos, sirve de entreacto a mitad del álbum pero su complejidad narrativa ensombrece el bloque de canciones inmediatamente anterior y posterior que pasan completamente desapercibidas.
En cambio, el álbum tiene un contenido lírico que parece muy cuidado y ha sido muy aplaudido. En general, Frank habla, como han tratado tradicionalmente las canciones populares, de la vida y el amor. Una de las obsesiones de Frank es el contraste entre la realidad sórdida de sus personajes en los barrios marginales de Los Angeles y los lugares utópicos, como es Sierra Leona con sus cielos rosados para una madre adolescente o las pirámides del antiguo Egipto para un proxeneta que, se ve que por efecto del champañ, las convierte en palacios de ensueño. Llaman la atención los saltos de punto de vista, justificados en temas como los citados “Sierra Leone” y “Pyramids”, pero desconcertantes en las canciones de amor como “Thinkin’ ‘bout you”. “Forrest Gump” habla abiertamente de una pasión homosexual, “Super Rich Kids” recopila tópicos contra los ricos y “Monks” construye una indescifrable metáfora a partir de un concierto de rock, drogas y sexo.
Musicalmente, el disco resulta una decepción respecto a las mixtapes de Frank que aún circulan gratuitamente en Internet. Toda ruptura con los estereotipos, toda originalidad y toda imaginación han desaparecido. Se abusa de los sonidos digitalmente tratados y, a pesar de acreditar a un batería real, todos los ritmos parecen programados y cuantizados. La posible valía de las composiciones queda devaluada en el marasmo de efectos sonoros y ruiditos de rigor y la voz fresca y joven de Frank se ha convertido en un murmullo inexpresivo y plano que no escatima abusar del inevitable melisma de rutina. Destaca, eso sí, el falsete de Frank, natural y refrescante, que, en comparación, todavía hace que parezcan más aburridos su voz natural y los raps los de sus amigos y suyos.
Esperemos que, en algún momento, el joven Frank recapacite y vuelva a reencontrarse con su prometedora personalidad musical olvidada.




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